
Personas que son lobos con piel de cordero. ¿O al revés?
Esas que un día aparentan ser dulces pero que en cuanto las pruebas dejan en ti un sabor extraño. O que te abofetean con toda su rabia y al segundo hacen que quieras abrazarlas eternamente.
En realidad son como una holografía de sí mismas. Ni se muestran del todo, ni tampoco se esconden. A veces parece que están solo representando el papel protagonista de una tragicomedia, cuyo argumento cambian a su antojo. Sea como sea, uno nunca sabe con certeza cómo tratarlas, si con mimo o con recelo.
Dos caras de una moneda que no para de girar y girar y girar y girar...
Así son: una cara dulce y otra que solo desprende amargura. Al final, uno no sabe si seguir probando o si huir antes de que su sabor le impregne del todo.