Desde que llegó, se ha convertido en la pequeña princesa de la casa... Ella solita ha conseguido destronar a la reina, mucho más moderna, estilizada y rápida. Incluso antes de tener carretes ya encandilaba con sus formas rudimentarias, casi toscas, a todos los curiosos que se le acercaban para intentar descubrirla.
Diana emana dulzura por donde quiera que la veas. Trabajar con ella es como dar un paso hacia otra dimensión porque todo en ella resulta mágico. Tras cada disparo sucede algo inesperado. Es un instante minúsculo, pero en tan solo segundos consigue que todo tu cuerpo se llene de incertidumbre. Y aunque suene perturbador, es una sensación que no se irá hasta que consigas ver cada fotografía en tus manos. Perdón, lomografía ;)
Con ella no hay prisa, no hay control apenas y tampoco intentes jugar a encontrar en ella la perfección, porque no la necesita. Solamente has de dejarte llevar cautivado por su mecanismo, misterioso y simple.

